Del catálogo a la conversación
Nos pasa más a menudo de lo que nos gustaría. Un cliente nos llama buscando algo muy concreto: una piedra con movimiento, un verde que no sea frío, un relieve que aguante bien en gran formato. Lo describe con detalle, lleva semanas buscándolo y está a punto de encargarlo fuera. Y resulta que lo teníamos. Estaba en nuestro archivo, esperando a que alguien preguntara por él.
Durante años pensamos que el reto de un estudio de diseño era crear. Hoy creemos que el reto está en otro sitio. Tenemos a nuestro alcance más diseño que nunca: estudios, fabricantes, ferias y archivos que crecen cada temporada. Sin embargo, quien tiene que decidir sigue buscando casi como hace veinte años, pasando páginas, pidiendo muestras y confiando en que alguien se acuerde de aquello que vio una vez.
En las últimas editoriales de Vigilancer se ha hablado mucho de aportar valor más allá del producto, de personalizar y de escuchar mejor al cliente. Compartimos esa idea. Pero hay un paso previo del que se habla poco: para personalizar, primero hay que entender qué busca cada uno.
En nuestro día a día vemos que buena parte de la dificultad está en el lenguaje. Un mismo diseño se nombra de forma distinta según quién hable de él: el diseñador piensa en la técnica, el comercial en la serie y el código, el arquitecto en un espacio concreto. «Travertino envejecido» puede ser un acabado para unos, un color para otros y un ambiente para un tercero. Y a veces ni siquiera hay palabras. Ante una misma imagen, uno se fija en el color, otro en el acabado y otro en lo que le transmite.
Muchas veces ocurre sin darnos cuenta: algo nos atrae y no es el color, ni el material, ni el relieve, sino una atmósfera en la que querríamos entrar. Eso es muy difícil de buscar con un código.
En nuestra experiencia, hay prácticas sencillas que ayudan mucho, con o sin tecnología. Describir cada diseño también como lo describiría quien lo va a usar: dónde funciona, qué transmite, con qué se combina. Guardar el contexto, porque una propuesta que no encajó hace tres años puede ser justo lo que alguien necesita hoy. Y cuidar el encargo: un buen briefing con imágenes, y con lo que no se quiere, ahorra semanas de idas y venidas.
La inteligencia artificial está empezando a cambiar esta parte del trabajo. Ya permite buscar con imágenes o con frases normales en lugar de códigos. Pero cada vez está más claro que quien más partido le saca es quien mejor conoce su oficio, porque sabe qué contexto darle y qué pedirle. Después de muchos años ordenando, nombrando y buscando diseños, sabemos bien qué queremos que haga por nosotros: clasificar, buscar y comprobar en el histórico si algo ya existe, para que el equipo pueda dedicar más tiempo a lo que mejor sabe hacer: crear.
En IKT Design muchos de nuestros diseños nacen a mano, con pintura, textura y materia real que después llevamos a la superficie cerámica. Quien visita nuestro showroom no quiere sentarse delante de un ordenador ni pasar hojas impresas. Quiere tocar, sentir, encontrarse de pronto con un material que le diga algo. Por eso muchas de nuestras piezas se quedan esperando su momento en un cajón, hasta que alguien llega buscando justo eso.
La pantalla no va a sustituir ese momento, pero sí puede acortar el camino hasta él. En eso estamos trabajando, con una herramienta propia que esperamos poder compartir pronto. Porque lo que busca el cliente casi siempre existe o se puede hacer.
¿Y si, con unas pocas indicaciones, esos proyectos guardados aparecieran ante ti y solo quedara venir a tocarlos?
Virginia Martínez y Marta González, Managers and Business Developers, junto con el equipo creativo de IKT Design