Gran Formato: el mercado no se juega solo en la fábrica, sino en la instalación
El recorrido de la cerámica de gran formato en los últimos años demuestra una evidencia difícil de discutir: cuando un producto aporta valor real, el mercado encuentra la manera de incorporarlo. Y eso ha ocurrido incluso a pesar de unas barreras de entrada nada menores. El gran formato no solo exige una propuesta estética y técnica diferencial; también obliga a repensar la logística, el transporte, la manipulación, la exposición en el punto de venta y, sobre todo, su correcta puesta en obra.
Ahí es donde empieza de verdad la conversación importante.
Durante demasiado tiempo, parte del debate sectorial sobre los productos de mayor valor añadido se ha centrado en la innovación industrial, en la capacidad de fabricación o en la sofisticación del catálogo. Todo eso importa, por supuesto. Pero no basta. En materiales como la cerámica de gran formato, el crecimiento futuro no dependerá únicamente de cuánto se fabrique ni de cuán atractivo resulte el producto, sino de cuántos profesionales estén capacitados para instalarlo con garantías. En otras palabras: el límite del mercado ya no está solo en la demanda, sino en la ejecución.
El verdadero cuello de botella del sector de aquí a la próxima década no será tecnológico, sino humano. Entre 2025 y 2035, una parte muy significativa de los profesionales especializados se retirará, y no existe una continuidad natural suficiente para reemplazarlos. Este relevo generacional incompleto amenaza no solo a la cerámica de gran formato, sino al conjunto de materiales de construcción de gama media y alta que requieren conocimiento técnico, precisión y oficio.
El problema no es menor, porque afecta directamente a la capacidad de ensanchar el mercado. Un producto con enorme potencial puede ver frenado su desarrollo si no existe una red profesional capaz de instalarlo bien, de prescribirlo con seguridad y de defender su valor frente al cliente final. Cuando la instalación falla, falla también la percepción del producto. Y cuando eso ocurre, la innovación pierde parte de su impacto comercial.
A ello se suma una realidad laboral que el sector no puede ignorar: buena parte del espacio que dejen quienes se jubilan será ocupado por trabajadores procedentes de otros países, que llegan con voluntad de trabajar, pero no siempre con tiempo, medios o itinerarios formativos adaptados a las exigencias del mercado. Este hecho no debe contemplarse como una debilidad, sino como una oportunidad estratégica. La cuestión no es quién ocupará esos puestos, sino si el sector será capaz de acompañar esa incorporación con formación útil, flexible y orientada a resultados.
Y ahí emerge una idea clave: la capacitación no puede seguir entendiéndose como un elemento accesorio o como una acción aislada ligada a la marca. Debe convertirse en una política sectorial. Si la industria y la distribución quieren ampliar de verdad el perímetro del mercado, necesitan asumir que formar instaladores no es un coste indirecto, sino una inversión de primer orden. Una inversión en calidad de ejecución, en reducción de incidencias, en reputación del material y, en última instancia, en crecimiento sostenible.
La distribución tiene un papel decisivo en este proceso porque está en contacto directo con el profesional, con la obra y con la realidad cotidiana de la instalación. La industria, por su parte, aporta conocimiento técnico, capacidad de sistematización y recursos para estructurar programas formativos sólidos. Separadas, ambas pueden avanzar; coordinadas, pueden transformar el mercado.
La cerámica de gran formato ha demostrado ya que tiene producto, argumento y demanda. Lo que necesita ahora es una infraestructura humana a la altura de su ambición. El próximo salto del sector no vendrá solo de piezas más espectaculares o de prestaciones más avanzadas. Vendrá de algo quizá menos vistoso, pero mucho más decisivo: la capacidad colectiva para formar mejor, instalar mejor y profesionalizar mejor.
Porque, en el fondo, el futuro del gran formato no se decidirá únicamente en la fábrica. Se decidirá, pieza a pieza, en cada instalación bien hecha.
Director de ANDIMAC
