Evolución de la decoración cerámica: La pieza pequeña, el nuevo tercer fuego
Mi evolución y camino recorrido como diseñador cerámico están estrechamente ligados a la transformación de la decoración cerámica. Desde mis inicios en el sector, hace ya más de veinte años, he estado vinculado de forma directa a este ámbito de la industria azulejera, viviendo en primera persona sus cambios, avances y crisis.
Comencé mi trayectoria profesional en el llamado “tercer fuego” —empresas dedicadas a la fabricación de pieza especial y decorativa— en una época en la que el proceso creativo era profundamente artesanal. La información se buscaba en libros y revistas especializadas, gran parte del trabajo se dibujaba a mano y, posteriormente, se digitalizaba para completar el proceso por medios informáticos. Las técnicas industriales predominantes eran la serigrafía y el pincelado manual, y cada pieza llevaba implícita una carga de oficio, conocimiento y sensibilidad difícil de replicar.
Con el paso del tiempo llegó lo que podría denominarse “el gran terremoto tecnológico”: la irrupción de la impresión digital aplicada a la cerámica. Este avance disruptivo transformó por completo los procesos de diseño y creación, haciéndolos mucho más ágiles, precisos y versátiles, y permitiendo alcanzar hitos que hasta entonces parecían impensables. Sin embargo, este progreso también trajo la pérdida de riqueza en el producto decorativo de forma paulatina e, inexorablemente, un menor interés por parte del público general, que en muchas ocasiones dejó de distinguir entre una decoración de “tercer fuego” y un producto fabricado a gran escala.
El pincelado a mano y la serigrafía acabaron desapareciendo casi por completo y, tras la perspectiva que otorgan los años, no puedo evitar pensar que, tal vez, nos autosaboteamos como sector, dejando de lado todo esa riqueza artesanal y valor añadido para rendirnos ante lo digital y la productividad.
Las empresas de decoración cerámica, los “terceros fuegos”, entraron progresivamente en una profunda crisis, cerrando muchas de ellas por la falta de interés en el producto que durante décadas habían fabricado. Otras siguieron luchando por reinventarse: nuevas técnicas decorativas, reducción de cantidades mínimas, ajustes de precios, apertura de nuevos canales de distribución… Pero nada parecía funcionar. Y, en realidad, nada lo hacía, porque la decoración cerámica no necesitaba más de lo mismo con ligeras variaciones; necesitaba una metamorfosis, un auténtico cambio de paradigma, y ahí es cuando aparece la pieza pequeña.
Mirando atrás, el razonamiento resulta claro. Los “terceros fuegos” siempre se habían caracterizado por trabajar con piezas complejas, series cortas, técnicas decorativas diversas y una gran capacidad de adaptación. En esencia, su fortaleza siempre fue la flexibilidad. Además, muchas de estas empresas contaban con un “layout” productivo casi perfecto para la fabricación de formatos pequeños: líneas, hornos y procesos pensados para ese tipo de pieza.
Así comenzó a gestarse una corriente de fabricación de pieza pequeña a la que, poco a poco, se sumaron las empresas más resilientes del sector. Entre todas ellas se fue consolidando una nueva tipología de producto que ha llegado con fuerza hasta nuestros días. Hoy, la pieza pequeña se reconoce como una pieza con entidad propia: una pieza decorativa, cargada de intención y carácter, en la que se percibe claramente y emana el ADN de aquellas empresas de decoración cerámica primarias que supieron transformarse.
Estas compañías, ya metamorfoseadas en fabricantes de formato pequeño, cuentan actualmente con catálogos propios y canales de venta directos, distribuyendo esta nueva “pieza especial” que complementa al gran formato y amplía las posibilidades de revestimiento cerámico en nuevos espacios y contextos arquitectónicos.
No obstante, este nuevo escenario no está exento de riesgos. Las tendencias de diseño evolucionan de forma constante, las necesidades habitacionales cambian al ritmo de las transformaciones sociales, los mercados son volátiles y sensibles a los vaivenes políticos, y la tecnología continúa introduciendo cambios disruptivos de manera periódica. Por todo ello, resulta fundamental mantenerse informado, actualizado y atento para anticiparse al próximo gran cambio que sacudirá al sector. Un cambio que, estoy convencido, este sector sabrá afrontar, superar y convertir, una vez más, en una oportunidad de evolución.
Por último, la historia reciente del “tercer fuego” demuestra que la adaptación y la especialización pueden convertirse en motores de supervivencia y crecimiento. La consolidación de la pieza pequeña como nuevo eje estratégico es, en este sentido, un ejemplo claro de cómo un sector tradicional puede redefinirse sin perder su esencia.
Product Manager en Estudio Cerámico
