Bendita cerámica
En el Mediterráneo la cerámica forma parte de nuestra vida cotidiana desde hace siglos. Esa fórmula de unir la arcilla y otras materias primas con el agua, los colores y el fuego nos ha servido para almacenar, transportar, conservar o servir alimentos, líquidos y otros productos o para revestir y decorar nuestras estancias. Allá por el año 1727, uno de esos grandes de España, que poseía el señorío de l’Alcalatén, con esa venía que te otorga el poder, constituyó la que podríamos considerar la primera empresa industrial cerámica moderna. Contrató a los mejores ceramistas europeos y desarrolló unas afamadas colecciones de lozas y porcelanas reinventando una tradición alfarera milenaria. Tendríamos que esperar al siglo XIX para aplicar industrialmente el conocimiento ceramista al pavimento y el revestimiento. La Primitiva, La Campana, La Glorieta, La Valenciana, son algunos de esas primeras empresas que marcan el inicio de un ciclo que, poco a poco, aprendiendo, imitando e innovando, nos han convertido en el referente mundial que hoy somos y del que tenemos y necesitamos sentirnos orgullosos y apoyarlo.
Al lado de esa fabricación de azulejos y pavimentos cerámicos se fueron desarrollando industrias auxiliares como la de los esmaltes, fritas y colorificios o la de la maquinaria cerámica, que han ido constituyendo sus propias asociaciones empresariales para defender sus intereses. La creación del Instituto de Tecnología Cerámica junto con el posterior nacimiento de la Universitat Jaume I incorporaron esa parte académica y científica que arropa a la industria. La Feria CEVISAMA, ahora reconvertida o desaparecida, según interpretaciones, es otro hito importante en la faceta comercializadora. A ello se unen iniciativas de administraciones y de otras instituciones como las de la propia Cámara, que desde el año 1974 concedió dos becas anuales a titulados universitarios en química, física o ingeniería industrial de la provincia para que se formasen y especializasen en cerámica industrial en Faenza (Italia) en tiempos en los que no había Erasmus ni otro tipo de ayudas, o el congreso que, junto con el Colegio de Ingenieros Superiores Industriales, se puso en marcha en 1990 y que bienalmente sigue siendo el foro internacional de referencia en la innovación cerámica, QUALICER.
Toda ello ha permitido configurar eso que denominamos clúster, una concentración geográfica de empresas e instituciones interconectadas dentro de un mismo sector o industria, que comparten rasgos comunes y complementarios y que compiten y cooperan simultáneamente (Porter). Que, sin duda, tendrá que seguir evolucionando, como apunta un reciente estudio del catedrático de la UJI Francesc Xavier Molina.
Hoy, la provincia de Castellón es una de las más industrializadas de España gracias en buena parte al desarrollo de los sectores que componen ese clúster cerámico. Es, además, una industria internacionalizada y diversificada en sus mercados, que exporta la mayor parte de su producción. En 2024 en la provincia se superaron los 9.266 millones de euros exportados, un 35% corresponde a productos cerámicos y si añadimos el resto de los sectores vinculados, prácticamente el 50% de nuestras exportaciones están relacionadas con el sector cerámico. Ese liderazgo, también condiciona positivamente a otros sectores como el energético, minero, logístico o comercial. Además, tiene un impacto directo en un empleo de calidad.
Son más de 150 años de evolución, en los que han tenido que adaptarse a circunstancias complejas, a aprender a aportar valor añadido, a desarrollarse tecnológicamente, a invertir en innovación, a fusionarse y concentrarse, a buscar en la cerámica nuevos usos y aplicaciones, a competir en los más diversos mercados y a hacer frente a una competencia cada vez más extendida en terceros países, además de la sempiterna rivalidad con Italia. Uno de los desafíos más acuciantes exige conseguir una producción más sostenible. Un gran reto, al que se están dedicando -desde hace años- muchos esfuerzos y que tiene una hoja de ruta con unos plazos muy severos.
Se habla constantemente de la permanente inestabilidad de estos últimos tiempos. Ahora la losa más amenazante son las decisiones sobre los aranceles que puede aplicar la Administración Trump, porque Estados Unidos es uno de nuestros principales clientes, o la posible escalada de la guerra en el Próximo y Medio Oriente con sus consecuencias logísticas, energéticas y de mercado, y quien sabe con qué nos despertaremos mañana. Este sector, como otros de la provincia, ha aprendido a sufrir, desde el inicio del siglo XX ha padecido las consecuencias de dos guerras mundiales y una crisis financiera entre ambas, una guerra civil, una autarquía que nos sumió en un largo aislacionismo internacional, una crisis relacionada con el petróleo en los años setenta, la más reciente iniciada en el 2008 o las derivadas de la pandemia y de la invasión rusa de Ucrania, por citar solo algunas referencias de calado global. Hay que lidiar con cada crisis, con cada dificultad y también con cada ventaja, sabiendo que, por supuesto, generarán consecuencias económicas, sociales y emocionales.
La Cámara de Comercio, Industria, Servicios y Navegación de Castellón, como corporación que tiene entre sus objetivos la representación y la defensa de los intereses de los sectores económicos de nuestra provincia, le toca estar al lado de las empresas y, entre ellas, las que conforman ese sector y ese clúster cerámico, ayudándoles a través de la formación a mejorar las competencias de los trabajadores y directivos, en sus procesos de internacionalización, en la implantación de mejoras digitales y de medidas sostenibles, en generar en QUALICER el espacio de debate de la innovación, en exigir a las administraciones aquello que es necesario para seguir teniendo bien engrasado ese motor tan relevante de la economía de nuestra provincia y de la Comunidad Valenciana.
Director Gerente de la Cámara Oficial de Comercio, Industria, Servicios y Navegación de Castellón
